Estamos invitados a abrazar a la Amazonía

 Estamos invitados a abrazar a la Amazonía 





Por: Paulo Francesco Diaz Sevillano


Para muchas personas, diez días pueden ser algo poco significativo, más días normales dentro de esta aventura llamada vida, pero para quienes hemos tenido la oportunidad de participar de la experiencia presencial amazónica del “Programa de Formación Interdisciplinaria en DD.HH. y Ecología Integral de Pueblos Originarios y Comunidades Campesinas de la Panamazonía” en el hermano país del Ecuador, esos diez días han significado un acercamiento a las realidades y potencialidades que se manifiestan en la gran cuenca del Amazonas. En este escrito se pretende exponer una visión integral de la Amazonía, su importancia, el rol de la academia y el respeto a las comunidades indígenas. 

La importancia de la Amazonía para el mundo

La Amazonía es un área que agrupa a nueve países en una de las cuencas más importantes a nivel global. Es un espacio donde se encuentran diversas especies de flora y fauna, muchas de las cuales son endémicas y se encuentran en un estado de vulnerabilidad que nos invita a encender las alarmas. Además, este importante bioma provee de diversos servicios ecosistémicos a los pobladores de Perú, Brasil, Colombia, Ecuador, Venezuela, Bolivia, Surinam, Guyana y Guayana Francesa; y a todo aquel que decida visitarlo. 

A pesar de ser muy atractiva y significativa para el mundo, la Amazonía es una zona muy vulnerable debido a la actividad humana y a la manifestación del cambio climático. 

La desaparición de la selva amazónica, uno de los sistemas ecológicos tropicales de mayor riqueza biológica en el planeta, ha estado en el centro del debate por décadas. Al menos desde principios de la década del ochenta se han sucedido denuncias que alertan sobre la desaparición de esa selva, a veces a ritmos vertiginosos (Martino, 2007, p.3). Eso lo sabemos muy bien, nuestros abuelos y los profesionales de antaño nos lo han contado: “antes teníamos más”, más árboles, más animales, más variedad; pero ahora no es así, y en eso, el sistema humano tiene gran responsabilidad, pero también esa realidad actual nos invita a pensar en formas de recuperar lo que teníamos antes. 


Desde el “Programa de Formación Interdisciplinaria en DD.HH. y Ecología Integral de

Pueblos Originarios y Comunidades Campesinas de la Panamazonía” pudimos reflexionar sobre la forma en cómo nuestra cuenca amazónica es concebida por propios y extraños, pero también, cómo distintos actores pueden contribuir a cuidar este espacio desde el rol en el que se encuentre a través de la articulación de grandes redes.  

La Amazonía es fuente de gran inspiración en donde convergen la investigación, el turismo, el arte, las culturas, entre otros aspectos. En Perú, don Julio Elgegren Pinedo escribió un famoso vals titulado “Amazonas”, donde podemos sentir orgullo, amor y gratitud por uno de los cursos de agua que trasciende nueve países hermanos y un fragmento de su letra dice:

“Quiso Dios Omnipotente, adornar un continente, puso una cinta de plata, de sus bondades la más alta. Amazonas ¡oh majestad infinita! rugen tus aguas benditas, y la selva se inclina a tu paso (...)”.

De igual forma, el “Dúo Loreto”, en otro famoso vals, en referencia a Loreto, excelso territorio amazónico, nos dice a quienes nacimos en esta tierra: 

“Yo he nacido en un sitio arrancado de un mundo de ensueños, el agua de lluvia fue el agua bendita que besó mi frente, el viento del bosque, la mano invisible que meció mi hamaca y el murmullo del río, mi canción de cuna que arrulló mis sueños (...).

Por eso es que quiero al bosque y la lluvia, al viento y al río, la luna y el sol”....


En este año he tenido la oportunidad de conocer otros espacios geográficos, y me he convencido que es un gozo vivir en la Amazonía, y desde un compromiso cristiano, social y humano, debemos adoptar actitudes que ayuden a su conservación, ya que, tal como lo indica el Papa Francisco en su exhortación apostólica “Querida Amazonía”, “si el cuidado de las personas y el cuidado de los ecosistemas son inseparables, esto se vuelve particularmente significativo allí donde la selva no es un recurso para explotar, es un ser, o varios seres con quienes relacionarse” (QA, 42). El Amazonas no sería nada sin sus tributarios, de la misma forma, la conservación de los recursos naturales no es nada sin el apoyo colectivo. 

San Agustín de Hipona decía que “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”, por eso abrazar la Amazonía es una buena oportunidad para poder quererla, defenderla y amarla, por todo lo que representa y por todo lo que nos ofrece. Cuando estuve en la universidad encontré una profesora ingeniera forestal que sugería a los alumnos que abracemos un árbol, que le contemos nuestros problemas, que este árbol nos llena de energía. 

En ese sentido, es importante seguir formando redes que convoquen a distintas personas, porque “el equilibrio planetario depende también de la salud de la Amazonia” (QA, 48). 


La academia y su aporte a la conservación de los recursos naturales de la Amazonía

Gran parte de los aprendizajes significativos del “Programa de Formación Interdisciplinaria en DD.HH. y Ecología Integral de Pueblos Originarios y Comunidades Campesinas de la Panamazonía” vino de parte de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), que, a través de su campus principal en

Quito, de la Estación Científica “Yasuní” y el Centro de Derechos Humanos logra exponer un buen ejemplo de trabajo articulado. 

Ciertamente, las universidades tienen una gran responsabilidad social, lo que invita a salir de las aulas, a transmitir los conocimientos a la sociedad y a trabajar muchas actividades de extensión. Es digno de rescatar el trabajo de la PUCE-Amazonas, en donde a través de un estudio de las realidades de sus estudiantes de zonas rurales alejadas, brindan facilidades para que la educación les pueda ser otorgada con calidad y calidez. Es verdad que brindar una educación de calidad es una tarea complicado, pero este trabajo se debe fortalecer y mejorar con lo que ya se tiene. Por otro lado, la Estación Científica “Yasuní” nos ofrece trabajos de profesionales y su esfuerzo por visibilizar la riqueza biológica de la Amazonía ecuatoriana, que guarda mucha similitud con la Amazonía peruana y los demás países de la cuenca. Las universidades amazónicas deben integrar dentro de sus planes curriculares, cursos que visibilicen la biodiversidad amazónica y den a conocer los aspectos ecológicos de los distintos ecosistemas presentes en este bioma, un enfoque ambiental vendrá bien en este esfuerzo. 

Por otro lado, esta experiencia también ayudó a conocer la forma en cómo es la educación dentro de las comunidades indígenas ecuatorianas. La experiencia con la comunidad Waorani refleja que es posible respetar el idioma y la cultura de las comunidades, pero que lamentablemente, existen muchas barreras al salir de sus comunidades para seguir con estudios superiores. Con una visión optimista, podemos valorar la articulación de algunos voluntarios que dedican su vida a hacer trocha en tierras amazónicas. Para la selva peruana no es una sorpresa, durante los últimos siglos hemos tenido varios ejemplos de órdenes religiosas y congregaciones que coadyuvan en el esfuerzo educativo en las comunidades ribereñas. En esta experiencia, es loable la labor de las Misioneras de la Madre Laura en la selva ecuatoriana, quienes, gracias a su capacidad de adaptación, su esfuerzo por lograr mejores resultados para las comunidades con las cuales trabajan, reflejan que es posible pensar en una educación intercultural bilingüe. A ustedes, queridas misioneras: Pagarachu (gracias)


Los pueblos indígenas amazónicos: un grito de esperanza

Como pocas veces, tuvimos la oportunidad de conocer de cerca la forma en cómo vive una comunidad indígena, no cualquier comunidad, hago referencia a los Waorani, una comunidad indígena de contacto inicial, que con el paso de los años ha visto cómo los citadinos se van acercando y trabajando con ellos. La convivencia entre la comunidad Waorani, los profesionales de la PUCE y representantes de la petrolera Repsol puede servir como un importante caso de estudio para la academia. Más allá de esas oportunidades, debemos entender que en este tiempo todavía existen pueblos indígenas en aislamiento y en contacto inicial, no se puede negar esta realidad, y las autoridades deberían promover esto. En Loreto, sucede una situación penosa, las máximas autoridades regionales desconocen a los Pueblos Indígenas en Aislamiento y en Contacto Inicial (PIACI) e incluso han exigido la derogatoria de la Ley N° 28736 –Ley PIACI. Esta situación es muy lamentable, porque estas mismas voces pretenden acabar con los PIACI en nombre de un desarrollo que se convierte en destrucción (Cadenas, 2022). No sería la primera vez que vivamos una situación como esta, porque ha sido una constante en la historia de la Amazonía. Si bien es cierto, durante nuestra historia amazónica, las comunidades siempre han estado vinculadas al bosque y han modelado gran parte del paisaje, el atropello cultural tampoco es algo que se puede negar, y lo hemos vivido con la explotación de diversos recursos como el caucho, la madera y el petróleo. El respeto debe ser para todos y por igual, ninguna cultura es superior a otra, pero ciertamente los pueblos indígenas se encuentran en un estado de gran vulnerabilidad (sanitaria, territorial, sociocultural y demográfica) ante el contacto con población externa a sus grupos y sistemas ajenos a su estilo de vida (Ipince, 2016, p.11)


La Amazonía ha sufrido mucho, por ejemplo, la deforestación, la sobreexplotación de recursos naturales, muerte de indígenas en nombre de un desarrollo mal comprendido, desigualdades, contaminación de los ríos y así podríamos seguir enumerando muchos dolores. El desarrollo no justifica actuar y causar destrucción, creo que, si es posible hacer un balance entre lo ambiental, lo económico y lo social, para que el beneficio sea real y no un simple escrito en un papel o en una reunión de autoridades. Es muy fácil dirigir y planificar desde un escritorio, por eso todos estamos invitados a vivir las realidades de la Amazonía, la experiencia ecuatoriana es solo un ejemplo, pero lo mismo se puede vivir en otros países de la cuenca. 

Ahora mismo, todos estamos invitados a vivir y promover una ecología integral, en el cual nos volvamos protagonistas del cambio y nos unamos al grito de esperanza de la Amazonía, en donde el acceso a la justicia ambiental sea garantizado, donde tengamos bosques saludables, ríos sanos y que los recursos naturales sean sinónimo de trabajo y desarrollo y no veamos a las comunidades indígenas por debajo de los hombros, ya que fueron ellos quienes han poblado primero este espacio, y merecen el respeto por su importancia cultural, por su aporte al manejo de los bosques, por su aporte a la diversidad lingüística, por su aporte a la medicina tradicional.  Hoy, más que nunca, abracemos a la Amazonía.


Referencias bibliográficas:

ü Cadenas Cardo, Miguel Ángel. (2022). Los PIACI, un bien común. Vicariato Apostólico de Iquitos.

ü Duo Loreto. Vals “Loretano soy”

ü Elgegren Pinedo, Julio. Vals “Amazonas. 

ü Francisco. (2020). Exhortación Apostólica Post-sinodal “Querida Amazonía” 41 pp.

ü Ipince, Natali. (2006). Los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial de la Amazonía Peruana: Mecanismo para la protección de sus derechos. 112 pp.

ü Martino, Diego. (2007). Deforestación en la Amazonía: principales factores de presión y perspectivas. Revista del sur, 169(1), 3-20. 

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