Estamos invitados a abrazar a la Amazonía
Estamos invitados a abrazar a la Amazonía
Para muchas personas, diez días pueden ser algo poco
significativo, más días normales dentro de esta aventura llamada vida, pero
para quienes hemos tenido la oportunidad de participar de la experiencia
presencial amazónica del “Programa de Formación Interdisciplinaria en DD.HH. y
Ecología Integral de Pueblos Originarios y Comunidades Campesinas de la
Panamazonía” en el hermano país del Ecuador, esos diez días han significado un
acercamiento a las realidades y potencialidades que se manifiestan en la gran
cuenca del Amazonas. En este escrito se pretende exponer una visión integral de
la Amazonía, su importancia, el rol de la academia y el respeto a las
comunidades indígenas.
La importancia de la Amazonía para el mundo
La Amazonía es un área que agrupa a nueve países en
una de las cuencas más importantes a nivel global. Es un espacio donde se
encuentran diversas especies de flora y fauna, muchas de las cuales son
endémicas y se encuentran en un estado de vulnerabilidad que nos invita a
encender las alarmas. Además, este importante bioma provee de diversos
servicios ecosistémicos a los pobladores de Perú, Brasil, Colombia, Ecuador,
Venezuela, Bolivia, Surinam, Guyana y Guayana Francesa; y a todo aquel que
decida visitarlo.
A pesar de ser muy atractiva y significativa para el
mundo, la Amazonía es una zona muy vulnerable debido a la actividad humana y a
la manifestación del cambio climático.
La desaparición de la selva amazónica, uno de los sistemas ecológicos tropicales de mayor riqueza biológica en el planeta, ha estado en el centro del debate por décadas. Al menos desde principios de la década del ochenta se han sucedido denuncias que alertan sobre la desaparición de esa selva, a veces a ritmos vertiginosos (Martino, 2007, p.3). Eso lo sabemos muy bien, nuestros abuelos y los profesionales de antaño nos lo han contado: “antes teníamos más”, más árboles, más animales, más variedad; pero ahora no es así, y en eso, el sistema humano tiene gran responsabilidad, pero también esa realidad actual nos invita a pensar en formas de recuperar lo que teníamos antes.
Desde el “Programa de Formación Interdisciplinaria
en DD.HH. y Ecología Integral de
Pueblos Originarios y Comunidades Campesinas de la
Panamazonía” pudimos reflexionar sobre la forma en cómo nuestra cuenca
amazónica es concebida por propios y extraños, pero también, cómo distintos
actores pueden contribuir a cuidar este espacio desde el rol en el que se
encuentre a través de la articulación de grandes redes.
La Amazonía es fuente de gran inspiración en donde
convergen la investigación, el turismo, el arte, las culturas, entre otros
aspectos. En Perú, don Julio Elgegren Pinedo escribió un famoso vals titulado
“Amazonas”, donde podemos sentir orgullo, amor y gratitud por uno de los cursos
de agua que trasciende nueve países hermanos y un fragmento de su letra dice:
“Quiso
Dios Omnipotente, adornar un continente, puso una cinta de plata, de sus
bondades la más alta. Amazonas ¡oh majestad infinita! rugen tus aguas benditas,
y la selva se inclina a tu paso (...)”.
De igual forma, el “Dúo Loreto”, en otro famoso vals,
en referencia a Loreto, excelso territorio amazónico, nos dice a quienes
nacimos en esta tierra:
“Yo
he nacido en un sitio arrancado de un mundo de ensueños, el agua de lluvia fue
el agua bendita que besó mi frente, el viento del bosque, la mano invisible que
meció mi hamaca y el murmullo del río, mi canción de cuna que arrulló mis
sueños (...).
Por eso es que quiero al bosque y la lluvia, al viento y al río, la luna y el sol”....
En este año he tenido la oportunidad de conocer otros
espacios geográficos, y me he convencido que es un gozo vivir en la Amazonía, y
desde un compromiso cristiano, social y humano, debemos adoptar actitudes que
ayuden a su conservación, ya que, tal como lo indica el Papa Francisco en su
exhortación apostólica “Querida Amazonía”, “si el cuidado de las personas y el
cuidado de los ecosistemas son inseparables, esto se vuelve particularmente
significativo allí donde la selva no es un recurso para explotar, es un ser, o
varios seres con quienes relacionarse” (QA, 42). El Amazonas no sería nada sin
sus tributarios, de la misma forma, la conservación de los recursos naturales
no es nada sin el apoyo colectivo.
San Agustín de Hipona decía que “no se puede amar lo que no se conoce, ni defender lo que no se ama”,
por eso abrazar la Amazonía es una buena oportunidad para poder quererla,
defenderla y amarla, por todo lo que representa y por todo lo que nos ofrece.
Cuando estuve en la universidad encontré una profesora ingeniera forestal que
sugería a los alumnos que abracemos un árbol, que le contemos nuestros
problemas, que este árbol nos llena de energía.
En ese sentido, es importante seguir formando redes que convoquen a distintas personas, porque “el equilibrio planetario depende también de la salud de la Amazonia” (QA, 48).
La academia y su aporte a la conservación de los
recursos naturales de la Amazonía
Gran parte de los aprendizajes significativos del
“Programa de Formación Interdisciplinaria en DD.HH. y Ecología Integral de
Pueblos Originarios y Comunidades Campesinas de la Panamazonía” vino de parte
de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), que, a través de su
campus principal en
Quito, de la Estación Científica “Yasuní” y el Centro
de Derechos Humanos logra exponer un buen ejemplo de trabajo articulado.
Ciertamente, las universidades tienen una gran
responsabilidad social, lo que invita a salir de las aulas, a transmitir los
conocimientos a la sociedad y a trabajar muchas actividades de extensión. Es
digno de rescatar el trabajo de la PUCE-Amazonas, en donde a través de un
estudio de las realidades de sus estudiantes de zonas rurales alejadas, brindan
facilidades para que la educación les pueda ser otorgada con calidad y calidez.
Es verdad que brindar una educación de calidad es una tarea complicado, pero este
trabajo se debe fortalecer y mejorar con lo que ya se tiene. Por otro lado, la
Estación Científica “Yasuní” nos ofrece trabajos de profesionales y su esfuerzo
por visibilizar la riqueza biológica de la Amazonía ecuatoriana, que guarda
mucha similitud con la Amazonía peruana y los demás países de la cuenca. Las
universidades amazónicas deben integrar dentro de sus planes curriculares,
cursos que visibilicen la biodiversidad amazónica y den a conocer los aspectos
ecológicos de los distintos ecosistemas presentes en este bioma, un enfoque
ambiental vendrá bien en este esfuerzo.
Por otro lado, esta experiencia también ayudó a conocer la forma en cómo es la educación dentro de las comunidades indígenas ecuatorianas. La experiencia con la comunidad Waorani refleja que es posible respetar el idioma y la cultura de las comunidades, pero que lamentablemente, existen muchas barreras al salir de sus comunidades para seguir con estudios superiores. Con una visión optimista, podemos valorar la articulación de algunos voluntarios que dedican su vida a hacer trocha en tierras amazónicas. Para la selva peruana no es una sorpresa, durante los últimos siglos hemos tenido varios ejemplos de órdenes religiosas y congregaciones que coadyuvan en el esfuerzo educativo en las comunidades ribereñas. En esta experiencia, es loable la labor de las Misioneras de la Madre Laura en la selva ecuatoriana, quienes, gracias a su capacidad de adaptación, su esfuerzo por lograr mejores resultados para las comunidades con las cuales trabajan, reflejan que es posible pensar en una educación intercultural bilingüe. A ustedes, queridas misioneras: Pagarachu (gracias).
Los pueblos indígenas amazónicos: un grito de
esperanza
Como pocas veces, tuvimos la oportunidad de conocer de cerca la forma en cómo vive una comunidad indígena, no cualquier comunidad, hago referencia a los Waorani, una comunidad indígena de contacto inicial, que con el paso de los años ha visto cómo los citadinos se van acercando y trabajando con ellos. La convivencia entre la comunidad Waorani, los profesionales de la PUCE y representantes de la petrolera Repsol puede servir como un importante caso de estudio para la academia. Más allá de esas oportunidades, debemos entender que en este tiempo todavía existen pueblos indígenas en aislamiento y en contacto inicial, no se puede negar esta realidad, y las autoridades deberían promover esto. En Loreto, sucede una situación penosa, las máximas autoridades regionales desconocen a los Pueblos Indígenas en Aislamiento y en Contacto Inicial (PIACI) e incluso han exigido la derogatoria de la Ley N° 28736 –Ley PIACI. Esta situación es muy lamentable, porque estas mismas voces pretenden acabar con los PIACI en nombre de un desarrollo que se convierte en destrucción (Cadenas, 2022). No sería la primera vez que vivamos una situación como esta, porque ha sido una constante en la historia de la Amazonía. Si bien es cierto, durante nuestra historia amazónica, las comunidades siempre han estado vinculadas al bosque y han modelado gran parte del paisaje, el atropello cultural tampoco es algo que se puede negar, y lo hemos vivido con la explotación de diversos recursos como el caucho, la madera y el petróleo. El respeto debe ser para todos y por igual, ninguna cultura es superior a otra, pero ciertamente los pueblos indígenas se encuentran en un estado de gran vulnerabilidad (sanitaria, territorial, sociocultural y demográfica) ante el contacto con población externa a sus grupos y sistemas ajenos a su estilo de vida (Ipince, 2016, p.11)
La Amazonía ha sufrido mucho, por ejemplo, la
deforestación, la sobreexplotación de recursos naturales, muerte de indígenas
en nombre de un desarrollo mal comprendido, desigualdades, contaminación de los
ríos y así podríamos seguir enumerando muchos dolores. El desarrollo no
justifica actuar y causar destrucción, creo que, si es posible hacer un balance
entre lo ambiental, lo económico y lo social, para que el beneficio sea real y
no un simple escrito en un papel o en una reunión de autoridades. Es muy fácil
dirigir y planificar desde un escritorio, por eso todos estamos invitados a
vivir las realidades de la Amazonía, la experiencia ecuatoriana es solo un
ejemplo, pero lo mismo se puede vivir en otros países de la cuenca.
Ahora mismo, todos estamos invitados a vivir y promover una ecología integral, en el cual nos volvamos protagonistas del cambio y nos unamos al grito de esperanza de la Amazonía, en donde el acceso a la justicia ambiental sea garantizado, donde tengamos bosques saludables, ríos sanos y que los recursos naturales sean sinónimo de trabajo y desarrollo y no veamos a las comunidades indígenas por debajo de los hombros, ya que fueron ellos quienes han poblado primero este espacio, y merecen el respeto por su importancia cultural, por su aporte al manejo de los bosques, por su aporte a la diversidad lingüística, por su aporte a la medicina tradicional. Hoy, más que nunca, abracemos a la Amazonía.
Referencias bibliográficas:
ü Cadenas
Cardo, Miguel Ángel. (2022). Los PIACI, un bien común. Vicariato Apostólico de
Iquitos.
ü Duo
Loreto. Vals “Loretano soy”
ü Elgegren
Pinedo, Julio. Vals “Amazonas.
ü Francisco.
(2020). Exhortación Apostólica Post-sinodal “Querida Amazonía” 41 pp.
ü Ipince,
Natali. (2006). Los pueblos indígenas en aislamiento y contacto inicial de la
Amazonía Peruana: Mecanismo para la protección de sus derechos. 112 pp.
ü Martino,
Diego. (2007). Deforestación en la Amazonía: principales factores de presión y
perspectivas. Revista del sur, 169(1), 3-20.

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